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El 30 años tocó el 5,34%, su nivel más alto desde 2007. El dólar se desplomó por cuarta semana consecutiva.

El oro superó los 4.600 dólares y el Bitcoin se disparó más de un 20%.

Y ahora todos esos caminos apunta a Jackson Hole.

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Qué es exactamente Jackson Hole

Entre el jueves 27 y el sábado 29 de agosto se celebra el Jackson Hole Economic Policy Symposium, el encuentro de política monetaria más seguido del planeta.

Banqueros centrales, académicos, ministros de finanzas, representantes de los mercados y periodistas especializados (unos 120 participantes) se retiran a un valle de Wyoming, cerca del Parque Nacional Grand Teton, para debatir los grandes problemas de la economía mundial supuestamente sin presiones externas.

Lo organiza la Reserva Federal de Kansas City, cuyo distrito incluye esa zona. El encuentro existe desde 1978, pero durante los cuatro primeros años se celebraba en Kansas City. En 1982 lo trasladaron a Jackson Hole por una razón bastante poco académica: era un buen sitio para la pesca con mosca y querían atraer a Paul Volcker, entonces presidente de la Fed y aficionado al deporte. El cebo funcionó.

Volcker fue, arrastró a media Fed y a banqueros de Wall Street, se sumaron los periodistas y el simposio acabó convirtiéndose en lo que es hoy.

Jackson Hole no es una reunión del FOMC. Allí no se decide si suben, bajan o mantienen los tipos. Su relevancia está en que es el foro donde los bancos centrales explican cambios de estrategia o dan pistas sobre el camino que van a tomar. Por eso los discursos se analizan palabra por palabra.

Este año hay dos ingredientes que lo hacen distinto.

  • El primero: es la primera participación de Kevin Warsh en Jackson Hole desde que asumió la presidencia de la Fed.

  • El segundo: el tema oficial elegido es “Financial Innovation: Implications for Payments and Policy” (innovación financiera y sus implicaciones sobre los pagos y la política), lo cual explica por qué el ecosistema cripto lleva toda la semana pendiente de una conferencia de banqueros centrales.

Qué ha pasado otras veces

Aquí conviene ser honesto: Jackson Hole no mueve mercados todos los años. La mayoría de ediciones pasan sin pena ni gloria. Pero cuando mueve, mueve de verdad.

Es el foro donde Bernanke dejó caer en 2010 lo que acabaría siendo el QE2.

Donde Draghi cambió el tono del BCE en 2014 y abrió la puerta a su propio programa de compras. Donde Powell presentó en 2020 el marco de objetivo de inflación promedio, uno de los cambios de estrategia más relevantes de la Fed en décadas. Y donde en 2022 pronunció un discurso de apenas ocho minutos, sin matices, que le costó al S&P 500 más de un 3% en una sola sesión.

El patrón es siempre el mismo, y es el que hay que tener en la cabeza esta semana: lo que mueve el mercado no es lo que dice la Fed, sino la diferencia entre lo que se esperaba escuchar y lo que finalmente se escucha.

Por qué esta vez sí importa

Porque Warsh llega a Wyoming con la peor combinación posible sobre la mesa.

En la reunión del 28 y 29 de julio la Fed mantuvo los fed funds en el rango 3,50%-3,75%, nivel que sostiene desde comienzos de año. Pero la decisión salió por nueve votos contra tres. Beth Hammack, Neel Kashkari y Lorie Logan votaron a favor de subir 25 puntos básicos. Y la propia Fed reconoció que la inflación sigue por encima del objetivo del 2%.

Al cierre de la semana los mercados asignaban en torno a un 39% de probabilidad a una subida en septiembre.

Y mientras tanto, el mercado de bonos endureció las condiciones financieras por su cuenta. La rentabilidad del Treasury a 30 años llegó al 5,34%, máximo desde 2007, con el 10 años en torno al 4,7%.

Las causas son tres y se refuerzan entre sí.

  • Inflación que no termina de ceder con el petróleo disparado.

  • Política fiscal, con un mercado de treasuries negociables que ya supera los 32 billones de dólares y una deuda federal bruta acercándose a los 40 billones.

  • Y deuda privada: las compañías vinculadas a la IA han captado unos 489.000 millones de dólares este año entre IG, high yield y préstamos apalancados, muy por encima de los 322.000 millones de todo 2025.

Ahí es donde entró Bessent. El jueves el Tesoro anunció que duplica sus recompras en el tramo 10-30 años, de 2.000 a al menos 4.000 millones por operación desde el 9 de septiembre hasta el 4 de noviembre. Peor de poco sirvió:

No es QE. La Fed no está creando reservas. Pero la señal es enorme: por primera vez en este episodio el mercado sabe que hay una función de reacción en el Tesoro.

Esto es lo que más me ha llamado la atención de la semana.

El S&P 500 y el Nasdaq firmaron su primera caída semanal desde finales de julio, el Dow su peor semana desde marzo.

El Brent se acercó a los 94 dólares y el WTI superó los 87, con la gasolina en surtidor por encima de los 4 dólares.

Hasta aquí, un risk off normal. Pero entonces: el dólar cayó casi un 1% pese a la subida de rendimientos.

El oro superó los 4.600 dólares.

Y el Bitcoin se disparó más de un 20%, acercándose brevemente a los 80.000, su mejor semana en más de dos años, con Ethereum casi un 30% por encima de los 2.400.

Rendimientos al alza más dólar al alza es endurecimiento monetario clásico. Rendimientos al alza más dólar a la baja es otra cosa: es el mercado exigiendo una prima de riesgo mayor por mantener activos soberanos en dólares.

Los inversores no huyeron hacia los treasuries. Huyeron de los treasuries hacia activos escasos.

Conclusión

Sinceramente, creo que Warsh se enfrenta a un dilema que no tiene solución elegante.

  • Si suena duro con la inflación, valida las expectativas de subida y manda el 30 años otra vez hacia el 5,3% y más allá, con lo que eso implica para hipotecas, crédito corporativo y múltiplos de la bolsa.

  • Si suena moderado con el petróleo cerca de los 94 dólares y la inflación por encima del objetivo, arriesga la credibilidad antiinflacionista justo cuando el mercado ya está poniendo en precio una prima fiscal y de credibilidad.

Y no puede refugiarse en los datos, porque los datos también están rotos: el consumidor empieza a mostrar fisuras (Walmart) pero no está muerto (Target con comparables del 3,8%, Home Depot con ventas del 5,7%), y las condiciones financieras siguen laxas en unos sitios y muy tensas en otros.

Lo que hay que vigilar

  • El 5,3% del 30 años. Es el nivel operativo de toda esta historia. Si volvemos ahí y Bessent vuelve a actuar, tendremos evidencia real de una función de reacción del Tesoro. Si volvemos ahí y no actúa, el mercado va a probar mucho más arriba.

  • El discurso de Warsh y, sobre todo, el diferencial entre lo esperado y lo dicho.

  • La relación dólar-rendimientos. Si siguen divergiendo, el problema es de credibilidad, no de política monetaria. Ese es un régimen mucho menos cómodo.

  • Los resultados de NVDA, que caen la próxima semana junto al simposio, con el crédito de los hiperescalares deteriorándose y los CDS de Broadcom en máximos históricos.

La pregunta incómoda que planea sobre Jackson Hole es otra, y es la que de verdad importa de cara a los próximos meses: ¿qué pasa si la próxima gran operación de aversión al riesgo no implica recomprar bonos del Tesoro?

Gracias por leer

Diego

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