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¿Qué son los bonos?

Para comprender los bonos permítanme hacer una pregunta. ¿Alguien os ha pedido dinero prestado alguna vez?

Pues un bono es exactamente eso: alguien —un gobierno, una empresa— necesita dinero. Va a los mercados financieros y dice: “Te doy un papel que dice que te devolveré X euros en X años, y mientras tanto te pago un interés periódico.”

Ese papel es el bono. El interés que te pagan se llama el cupón. Y el plazo hasta que te devuelven el dinero es el vencimiento.

Hasta aquí, sencillo. Pero hay una cosa que mucha gente no entiende y que es fundamental: el precio de un bono y el tipo de interés que genera (lo que llamamos el yield o rendimiento)se mueven en direcciones opuestas.

IMPORTANTE: Cupon no es lo mismo que rendimiento.

Voy a mostralo con un ejemplo real:

Lo que ven aquí es un bono del Tesoro americano. Tipo gobierno, denominado en dólares. Fecha de vencimiento: agosto de 2040. Catorce años por delante.

Fíjense en dos datos. El cupón es del 1,13%. Eso es lo que paga este bono cada año sobre su valor nominal. Y la cotización actual es del 61,60%.

Eso significa que un bono que en su día se emitió a 100, hoy vale 61,60. Ha perdido casi el 40% de su precio.

¿Por qué? Este bono se emitió en una época de tipos bajísimos. Pero desde entonces los tipos subieron.

¿Quién iba a querer un bono al 1,13% pagando 100 cuando el mercado ofrecía bonos nuevos al 4% o al 5%? Nadie. Así que el precio tuvo que bajar hasta que el rendimiento fuera competitivo. Y bajó a 61,60.

Y aquí es donde aparece ese 4,93% de rendimiento anual que ven en pantalla. El cupón no ha cambiado, sigue siendo 1,13 dólares por cada 100 de nominal. Pero usted no está pagando 100, está pagando 61,60. Así que ese pago representa proporcionalmente más sobre lo que invirtió. A eso se le añade que en 2040 el Tesoro le devuelve 100, no 61,60, y esa diferencia de casi 40 puntos repartida a lo largo de catorce años también computa como rendimiento.

Sume las dos cosas y obtendrá el 4,93% anual. Eso es lo que se llama la TIR. El rendimiento real si compra hoy y aguanta hasta el vencimiento.

Esto es la relación inversa precio-yield con datos reales encima de la mesa. El cupón no cambia nunca. Lo que cambia es el precio, y ese precio ajusta el rendimiento hasta donde el mercado lo encuentra atractivo. Tengan esto grabado a fuego.

Ahora, ¿quién emite bonos? Aquí hay tres grandes categorías que necesitan conocer.

  • Primero, los gobiernos. El Tesoro de Estados Unidos emite los famosos Treasuries. España emite bonos del Tesoro español. Alemania, sus Bunds. Estos son considerados los más seguros porque, en teoría, un gobierno siempre puede imprimir dinero para pagar.

  • Segundo, las empresas. Cuando una compañía necesita financiarse, puede emitir bonos corporativos. Lógicamente, una empresa tiene más riesgo de impago que un gobierno, así que tiene que ofrecer un yield más alto para atraer compradores.

  • Y tercero, los mercados emergentes. Países en desarrollo que emiten deuda, normalmente a tipos más altos todavía, porque el riesgo percibido es mayor.

La diferencia de yield entre un bono de alto riesgo y uno seguro se llama spread. Cuando los spreads se amplían, es señal de que el mercado empieza a preocuparse por el riesgo de crédito. Es una de las primeras alarmas que hay que vigilar.

Por ejemplo, los bonos corporativos de alto riesgo (HYG) son un indicador interesante de seguir:

Aquí hay un dato que siempre me gusta mencionar:

El mercado de renta variable global —todas las acciones del mundo— ronda los 100 billones de dólares. Una cantidad enorme, sin duda.

Pero dominado por minoristas:

El mercado de renta fija global —los bonos— supera los 130 billones de dólares. Es más grande.

Mucho más grande en términos de dinero que circula, de instituciones que participan, de decisiones que se toman.

Y sin embargo, cuando alguien dice “los mercados”, todo el mundo piensa en el S&P 500. En Apple. En Nvidia. En Tesla.

Ojito porque eso es exactamente lo que no hay que hacer. Los bonos van primero. Son el mercado que marca el tono. La bolsa sigue a los bonos, no al revés.

¿Quién compra todos estos bonos? Los grandes compradores son los fondos de pensiones, que tienen la obligación de preservar capital con horizontes temporales muy largos, las aseguradoras, los bancos centrales y los fondos soberanos de países como Noruega, Arabia Saudí, China o Japón.

No todos los bonos son iguales. Un bono a 2 años no es lo mismo que uno a 10 o a 30 años. La curva de tipos representa los yields de todos los plazos, del más corto al más largo.

En condiciones normales, a más plazo, más yield. Tiene sentido: si te presto dinero 30 años, quiero más interés porque hay más incertidumbre.

Pero hay momentos en que la curva se invierte: el corto plazo paga más que el largo. Eso se llama inversión de la curva de tipos, y históricamente ha precedido a casi todas las recesiones de los últimos 50 años. Es uno de los indicadores más fiables que existen.

Cuando el yield del bono a 2 años supera al del bono a 10 años, el mercado está diciendo que espera tipos más bajos en el futuro. Históricamente es la antesala de una ralentización económica.

(Aunque los constantes estimulos fiscales y monetariso, están alterando la situación)

El bono más importante del planeta es el Treasury americano a 10 años. Su yield es lo que se usa como referencia para prácticamente todo.

¿Cuánto paga un banco por una hipoteca? Se calcula a partir del T-10Y. ¿Cuánto le cuesta a una empresa emitir deuda? A partir del T-10Y. ¿Cuál es el tipo que descuenta el mercado para valorar acciones? El T-10Y.

Cuando el T-10Y sube, el coste del dinero sube en todo el mundo. Cuando baja, el coste del dinero baja. Así de directo.

Marzo se perfila como el mes con el mayor endurecimiento de las condiciones financieras desde abril de 2022...

En 2022-23 vimos algo que hacía mucho tiempo que no ocurría: el yield del T-10Y se acercó al 5%. ¿Y saben qué pasó? Los mercados de renta variable entraron en zona de corrección seria. El coste de las hipotecas en Estados Unidos rozó el 8%. Los déficits del gobierno americano se dispararon porque el coste de refinanciar la deuda subía. Ocurrieron 3 de las 4 mayores quiebras bancarias de la historia americana.

En mi opinión, el 5% en el T-10Y y 20Y es lo que yo llamo el put de los bonos para Trump.

Por encima de ese nivel, la economía americana empieza a sufrir de manera visible. La inflación no baja si los tipos hipotecarios se mantienen altos. El consumidor se resiente. Y un presidente americano que tiene el horizonte político en el punto de mira no puede permitirse eso… ¡Es una clara ESTANFLACIÓN!

Hay que hacer un inciso aquí que me parece fundamental y que muy poca gente conecta correctamente.

Estados Unidos tiene una deuda pública que supera los 34 billones de dólares. Para financiar esa deuda, el Tesoro emite bonos constantemente. Cuando los yields suben, cada nueva emisión sale a tipos más altos. Eso significa más intereses a pagar cada año.

En los últimos dos años, el coste de los intereses de la deuda americana ha superado el billón de dólares anuales. Fíjense: más de lo que gasta en defensa. Más de lo que gasta en Medicare. El pago de intereses se ha convertido en la mayor partida del presupuesto federal.

Y si los yields siguen altos, ese número solo puede subir. Porque cada vez que vence un bono emitido hace diez años al 2%, hay que refinanciarlo al 4,5% o al 5%. La bola de nieve financiera.

Volviendo a la bolsa. Podemos preguntarnos… ¿Qué tiene esto que ver conel S&P 500?

Todo. Tien todo que ver.

Cuando los yields del bono a 10 años suben, pasan dos cosas.

  • Primera: los inversores pueden obtener un retorno decente (sin riesgo) simplemente comprando bonos del gobierno americano. ¿Para qué asumir el riesgo de las acciones si me pagan un 5% sin mover ficha?

  • Segunda: el valor de una acción se calcula descontando sus flujos de caja futuros. La tasa de descuento que se usa es el tipo libre de riesgo. Si ese tipo sube, el valor presente de esos flujos futuros baja. La acción vale menos, en términos matemáticos, aunque la empresa no haya cambiado nada.

Es por eso que cuando los yields suben rápidamente, las valoraciones de las tecnológicas (empresas que descuentan mucho crecimiento futuro) sufren especialmente. Y cuando los yields bajan, esas mismas empresas rebotan con fuerza.

Aunque el nivel es importante, más lo es la velocidad del movimiento:

Pueden producir los temidos shock de VaR, obligando a las mesas de trading a reducir riesgo en todo el espectro, lo que provocaría una cascada de liquidaciones en todas las clases de activos.

Un movimiento de 2 desviaciones estándar al alza en los tipos reales o de 2 desviaciones estándar a la baja en los tipos nominales = negativo para las acciones, con una caída media del S&P 500 del -4% en un mes en ambos casos.

Un movimiento de 2 desviaciones estándar al alza en tipos reales = +40 puntos básicos o un nivel absoluto del 2,2%… en el último mes hemos subido aproximadamente +20 puntos básicos. Este es el movimiento más preocupante.

Un movimiento de 2 desviaciones estándar a la baja en tipos nominales = -50 puntos básicos o 3,86%; en el último mes hemos subido aproximadamente +30 puntos básicos.

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¿Qué son los vigilantes de los bonos?

Hay un concepto que me gusta mucho y que muy poca gente conoce fuera del mundo financiero. Los vigilantes de los bonos. Bond vigilantes, en inglés.

El término lo acuñó el economista Ed Yardeni en los años 80, durante la época de Reagan. Y la idea es simple pero poderosa:

Cuando un gobierno se descontrola fiscalmente —gasta demasiado, se endeuda sin límite, ignora el déficit— los inversores en bonos no esperan a que llegue un tribunal o una institución a poner orden. Lo hacen ellos mismos. Venden bonos. Masivamente. El precio cae, el yield sube, y el coste de financiación del gobierno se dispara hasta que el gobierno rectifica o el mercado lo fuerza a hacerlo.

Son el mecanismo de disciplina fiscal más brutalmente eficiente que existe. No tienen jefe. No tienen ideología. No negocian. Simplemente dejan de comprar, o empiezan a vender, y el mensaje llega solo.

Yardeni dijo una vez que si hubiera una reencarnación y pudiera volver como cualquier cosa, elegiría ser el mercado de bonos. Porque intimida a todo el mundo.

Y relacionado con esto hay otro concepto que necesitan conocer: la prima por duración.

Cuando usted compra un bono a 30 años en lugar de uno a 2 años, está asumiendo mucho más riesgo.

No solo el riesgo de que el emisor no pague, sino el riesgo de que en esos 30 años la inflación se dispare, los tipos suban, o simplemente que el mundo cambie de una manera que hoy no puede anticipar. Treinta años es mucho tiempo.

El mercado le compensa por asumir ese riesgo adicional con un yield más alto. Esa diferencia extra entre el yield de un bono largo y el de uno corto es lo que se llama la prima por duración.

En condiciones normales es positiva. El bono a 30 años paga más que el de 2 años precisamente porque usted está inmovilizando su dinero más tiempo y asumiendo más incertidumbre.

Pero fíjense en algo. Volviendo al ejemplo de la pantalla:

Ese Treasury vence en 2040, a catorce años vista, y tiene un cupón del 1,13%. Eso significa que cuando se emitió, la prima por duración era prácticamente inexistente. Los inversores aceptaron inmovilizar dinero catorce años a cambio de casi nada, porque vivíamos en un mundo de tipos cero donde cualquier yield positivo parecía suficiente.

Ese error de cálculo colectivo es exactamente lo que explica que hoy ese bono cotice a 61,60. El mercado está recalculando, a golpe de precio, la prima por duración que debería haber exigido desde el principio.

Cuando la prima por duración sube de manera brusca —como ocurrió en 2022 y 2023— los bonos largos sufren de manera desproporcionada.

No es casualidad que el TLT, el ETF de bonos del Tesoro a largo plazo, perdiera más de un 50% desde máximos en ese periodo. Más que muchas bolsas. Porque la duración amplifica todo: las ganancias cuando los tipos bajan, y las pérdidas cuando suben.

Los VIGILANTES de los BONOS son los verdaderos Presidentes

Antes de entrar con Trump e Irán, quiero contar una historia. Porque hay un ejemplo reciente, de hace apenas tres años, que resume mejor que cualquier explicación teórica el poder real que tienen los mercados de bonos sobre los gobiernos.

¡DICADURA de los BONOS!

Estamos en septiembre de 2022. Reino Unido. Liz Truss acaba de convertirse en primera ministra. Lleva en el cargo 23 días.

Su canciller, presenta lo que llaman un “mini-presupuesto”. El nombre es engañoso porque no tiene nada de mini. Es el mayor recorte de impuestos en el Reino Unido desde los años 70. Reducción del impuesto sobre la renta, eliminación del límite a los bonus de los banqueros, rebaja del impuesto de sociedades. Todo financiado con deuda. Sin ningún plan de cómo van a pagarlo.

El gobierno lo presenta como una medida de estímulo. Como una apuesta por el crecimiento.

El mercado de bonos británicos —los Gilts, como se llaman en el Reino Unido— respondió de una manera que no se veía desde décadas.

Los yields de los Gilts a 10 años se dispararon. En cuestión de horas. No en días, en horas. El mercado estaba diciendo, de la manera más clara que sabe expresarse: esto no nos lo creemos. Este plan no cuadra. Si vais a emitir toda esta deuda sin ningún plan de sostenibilidad, vamos a exigir mucho más interés para financiaros.

Fíjense bien porque esto es importante:

Los fondos de pensiones del Reino Unido tenían una estrategia llamada LDI, Liability-Driven Investment. Básicamente, usaban los Gilts como colateral para mantener posiciones apalancadas que les permitían cubrir sus obligaciones futuras. Una estrategia razonable en un entorno de tipos bajos y estables.

Pero cuando los yields se dispararon, el valor de esos Gilts como colateral cayó en picado. Los fondos de pensiones recibieron margin calls, llamadas de margen, de manera masiva. Y para hacer frente a esas llamadas, tenían que vender activos. ¿Qué activos vendieron? Más Gilts. Lo que deprimía todavía más los precios, disparaba más los yields, generaba más margin calls. Un bucle de retroalimentación devastador.

El Banco de Inglaterra tuvo que intervenir de emergencia comprando Gilts para estabilizar el mercado. No porque quisiera. Porque no tenía otra opción. El sistema de pensiones del Reino Unido estaba al borde del abismo.

¿Y saben lo que ocurrió después?

El canciller fue destituido. Llevaba 38 días en el cargo. Liz Truss reculó en prácticamente todas las medidas del presupuesto. Y dos semanas después, Liz Truss dimitía. 45 días en el cargo. La primera ministra con el mandato más corto de la historia del Reino Unido.

No la derribó la oposición. No la derribó un escándalo. La derribaron los mercados de bonos.

Un gobierno puede tener toda la legitimidad democrática del mundo. Puede haber ganado unas elecciones con mayoría absoluta. Puede tener el mandato de su partido, de su prensa, de sus votantes. Pero si anuncia una política fiscal que el mercado de bonos considera irresponsable, el mercado le va a decir que no. Y ese no tiene consecuencias inmediatas, visibles, dolorosas.

Los yields suben. El coste de financiación se dispara. La moneda se deprecia. La inflación importada sube. El banco central se ve forzado a actuar en la dirección contraria a lo que el gobierno quería. Y el primer ministro o la primera ministra que no quiera escuchar acaba escuchando de todas formas, pero de la peor manera posible.

Los bonos no tienen ideología. No votan. No salen en televisión. Pero tienen memoria, tienen precio, y tienen la capacidad de tumbar gobiernos en menos de dos meses.

Tengan eso en cuenta cuando les diga lo que viene ahora con Trump e Irán.

Volviendo al momento actual: Lo que hasta hace unas semanas era una pregunta teórica —¿puede Trump atacar Irán?— dejó de serlo el 28 de febrero de 2026.

Esa noche, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra Irán. El conflicto que muchos descartaban como retórica se convirtió en guerra real.

Y los bonos respondieron exactamente como les he explicado en este vídeo.

Normalmente, durante conflictos geopolíticos, los precios de los bonos suben y los yields bajan porque los inversores buscan refugio en los Treasuries. Pero esta vez ocurrió exactamente lo contrario: los precios cayeron y los yields subieron. El mercado estaba mandando un mensaje muy claro: este conflicto no es deflacionario. Es inflacionario. Y eso cambia todo.

Irán cerró el Estrecho de Ormuz el 4 de marzo, interrumpiendo el 20% del suministro global de petróleo. El Brent superó los 120 dólares por barril y QatarEnergy declaró fuerza mayor en todos sus contratos de exportación de gas.

Los precios de la gasolina subieron alrededor de un 30% en Estados Unidos. En Europa se duplicaron.

El yield del T-10Y escaló desde aproximadamente el 3,9% hasta un pico del 4,4% en los primeros días del conflicto, alcanzando máximos de ocho meses.

El mercado estaba repreciando toda la curva al alza, forzado por las expectativas de inflación.

La administración Trump presentó al Congreso una solicitud de más de 200.000 millones de dólares para financiar la guerra contra Irán. Más deuda. Más oferta de bonos al mercado. Las subastas del Tesoro comenzaron a mostrar una demanda débil, con los bonos vendiéndose a yields más altos de lo esperado.Fue la peor señal en tres subastas consecutivas desde mayo de 2024.

Los vigilantes de los bonos han empezado a hacer su trabajo:

  • La guerra borró más de 2,5 billones de dólares del valor de los bonos globales en marzo, camino de convertirse en el peor mes para la renta fija desde hace años.

  • El refugio tradicional en los Treasuries no funcionó porque el conflicto generaba exactamente el tipo de inflación que hace que los bonos largos sean el peor lugar donde estar.

¿Y qué ha hecho Trump ante todo esto?

El conflicto encontró un mercado de bonos que no estaba en absoluto preparado para el riesgo geopolítico. Estaba posicionado para un aterrizaje suave, bajadas de tipos y una inflación controlada.

El cierre del Estrecho de Ormuz destruyó esa narrativa en cuestión de horas.

Esto es exactamente lo que les decía antes con Liz Truss, pero a escala global. Los bonos no piden permiso. No esperan. No negocian.

La pregunta ahora mismo, mientras grabamos este vídeo, no es si los bonos van a frenar a Trump. Ya lo están frenando. La pregunta es cuánto tiempo puede aguantar la economía americana con el Estrecho de Ormuz cerrado y los yields en los niveles actuales antes de que el dolor político se vuelva insostenible.

Sinceramente, no tengo la bola de cristal… Yo lo único que se es que los mercados están al limite, si no frena… Los mercados de bonos se lo llevan por delante.

Es el mal menor que tiene que elegir… Y parece, a menos que se esté tirando un farol, elegirá la “derrota bélica” aunque lo venda como una VICTORIA MAGISTRAL que la “derrota económica”.

Porque tampoco le queda otra:

Según varias encuestas, una minoría de estadounidenses apoya la guerra en Irán, y una proporción aún menor apoyaría el envío de tropas terrestres.

De manera similar, según una encuesta de Reuters, solo el 29% del país aprueba la gestión económica del presidente Trump, cifra que se ha desplomado en las últimas semanas.

Esta es la calificación más baja en cualquiera de los mandatos de Trump y más baja que cualquier calificación obtenida bajo el mandato de Joe Biden.

Gracias por leer

Diego

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