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Imagina que tienes tu dinero en un fondo.

Un fondo que te dijeron que era "semi-líquido", que podías recuperar tu capital cada tres meses, que era más seguro y menos volátil que la bolsa porque no cotizaba cada día.

Y un día decides retirarlo. Y te dicen que no.

Eso no es un banco en crisis. No es el 2008. Es lo que está ocurriendo ahora mismo, en marzo de 2026, en los mercados de Capital Privado.

¿Qué consecuencias tiene?¿Puede llevarse por delante a los mercados financieros globales?

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¿Cómo funciona el Capital Privado?

El capital privado es, en pocas palabras, invertir en activos que no cotizan en bolsa. En lugar de comprar acciones de Apple o bonos del Tesoro americano, estos fondos prestan dinero directamente a empresas que no son públicas, o compran participaciones en esas compañías.

Históricamente, el capital privado se estructuraba en fondos cerrados donde inversores profesionales (fondos de pensiones, fondos soberanos, multimillonarios) comprometían capital durante muchos años, a menudo entre 7 y 10 años, hasta que el gestor vendía los activos.

Pero en la última década, las grandes gestoras crearon productos nuevos, pensados para el inversor de banca privada y cada vez más para el minorista.

Vehículos que prometen lo mejor de dos mundos: la rentabilidad del capital privado y cierta liquidez periódica, normalmente trimestral.

El mecanismo es simple. El fondo abre una "ventana de liquidez" —una especie de período durante el cual acepta solicitudes de retirada— cada tres meses. Pero esa ventana tiene un límite: el fondo solo puede devolver, como máximo, entre el 5% y el 7% del total de su patrimonio en cada trimestre.

Este interesante modelo funciona bien si el ciclo acompaña y las salidas son moderadas.

Si muchos inversores quieren retirar dinero al mismo tiempo (que suele coincidir con caídas de valoración) el fondo no puede vender activos rápidamente sin asumir pérdidas significativas, porque sí… El Capital Privado, aunque no cotice diariamente, es volátil.

Cuando el ciclo cambia, ese modelo colapsa. Y el ciclo ha cambiado.

Este no es un informe para ello, pero puedes revisar una explicación profunda sobre el ciclo de liquidez de M.Howell, aquí:

Momento actual…

Todo empieza a finales de enero. Dos grandes bancos de inversión, UBS y Barclays, publican de forma independiente estudios sobre la composición de los fondos de crédito privado.

Y revelan algo que el mercado había ignorado: aproximadamente el 20% de los activos de estos fondos son préstamos a empresas de software.

Eso, en sí mismo, podría no ser un problema. Pero coincide con un momento en que la inteligencia artificial está destruyendo el modelo de negocio de muchas compañías de software.

Empresas que cobraban millones de euros al año a sus clientes por licencias de software que ahora, con herramientas de IA, se pueden reemplazar parcialmente o por completo.

Puedes creerlo o no… Estar de acuerdo con la caída o no… Pero el índice referencia del software, se deja un 30% desde máximos:

Y si el 60% de este índice son estas empresas… Imaginaté lo de abajo:

Si el negocio de esas empresas vale menos, sus flujos de caja futuros son menores. Ej: Oracle a través de Investing Pro:

Y si sus flujos de caja son menores, el préstamo que el fondo les concedió que se repaga precisamente con esos flujos de caja, empieza a valer menos de lo que figura en los libros del fondo.

De hecho… El 5 de marzo, BlackRock, el mayor gestor de activos del mundo reveló en sus resultados trimestrales que un préstamo de 25 millones de dólares a una empresa llamada Infinite Commerce Holdings, que el fondo tenía valorado al 100% de su valor nominal en septiembre, es decir, como si fuera a cobrar cada céntimo, ahora vale cero.

Esta noticia es el detonante. No porque sea un prestamo que haga quebrar a Blackrock, pero si porque nos hace plantearnos la siguiente pregunta:

Si un fondo de BlackRock puede mantener un activo como “en perfecto estado” en septiembre y admitir que vale cero en marzo, ¿qué otros préstamos en todo el sector están sobrevalorados en este momento?

Reacción de los inversores

En febrero, Blue Owl, una de las mayores gestoras de crédito privado en EEUU, con 300.000 millones de dólares en activos, fue el primero en empezar a recibir muchas solicitudes de reembolso de inversores.

Ante esa avalancha de retiradas, el fondo no permitió que los inversores recuperaran su dinero en el periodo habitual de reembolsos trimestrales. En lugar de eso, decidió vender activos del fondo (préstamos) para ir devolviendo el capital poco a poco.

Para hacerlo anunció una venta de 1.400 millones de dólares en préstamos de crédito privado.

En la práctica, esto significa que el dinero de los inversores queda bloqueado temporalmente, porque no pueden retirarlo cuando quieren y tienen que esperar a que el fondo venda activos para devolverlo.

Aunque hay un detalle extra… los prestamos se vendieron a 99,7 céntimos por dólar, es decir, casi a precio completo, lo que pretendía enviar un mensaje de que no había problema.

Sin embargo, los analistas enseguida descubren que uno de los compradores de esos préstamos es Kuvare, una aseguradora de vida que es propiedad del propio Blue Owl. Es decir, Blue Owl le está vendiendo activos a una empresa que pertenece al mismo grupo. No es un comprador independiente que valide ese precio en el mercado. Es, en la práctica, mover dinero de un bolsillo al otro.

Por si esto no fuera poco para hacer saltar las alarmas del Private Equity… Hay más solicitudes de reembolso:

  • El detonante del golpe del viernes fue que BlackRock limitó los reembolsos en su fondo de crédito privado HPS Corporate Lending Fund, con 26.000 millones de dólares y uno de los mayores vehículos de desarrollo empresarial no cotizados del sector.

    Todo ello tras recibir solicitudes de salida por alrededor del 9,3% del patrimonio, mientras que el fondo solo puede recomprar aproximadamente un 5% del capital por trimestre. Como resultado, solo una parte de los inversores pudo retirar dinero y el resto quedó pendiente para futuras ventanas de liquidez.

  • Pero esto no queda ahí… A principios de esta semana, Blackstone, ya había registrado fuertes salidas en su fondo de crédito privado BCRED, el más grande del mundo con $82 mil millones en AUM.

    Fue golpeado con un récord de 7.9% en reembolsos, cuando el número total de reembolsos permitidos era del 7%, lo que obligó a los propios empleados de Blackstone a escribir cheques personales por valor de $150 millones para asegurarse de que aquellos que esperaban retirar su dinero no iniciaran un motín y, más importante, evitar el cierre del fondo.

  • Morgan Stanley: su fondo North Haven, con activos totales de casi 8.000 millones de dólares —aunque su patrimonio neto real de inversores ronda los 3.400 millones—, recibió solicitudes de reembolso del 10,9% del patrimonio. Con el límite del 5%, solo pudo satisfacer el 45,8% de lo pedido: devolvió 169 millones de los 369 millones que sus inversores querían recuperar.

  • Cliffwater: su fondo de 33.000 millones recibe solicitudes de reembolso del 14% de su patrimonio —el doble de lo que se había publicado inicialmente— y limita las salidas al 7%, que es el máximo legal.

¿Corralito bancario?

A pesar del ruido mediático, no se trata de un corralito en sentido estricto. Un corralito implica la suspensión inesperada del acceso a depósitos líquidos, normalmente en bancos.

Cómo se ha explicado antes, lo que ocurre en el capital privado es distinto: las limitaciones de liquidez forman parte del diseño del producto y están recogidas en su documentación desde el inicio.

Estos fondos funcionan con ventanas de liquidez periódicas, generalmente trimestrales, en las que el fondo puede recomprar solo un porcentaje limitado del capital.

El movimiento de JP Morgan

Aquí hay algo que distingue a JP Morgan del resto y que explica por qué el capital privado ha sido un tema tan comentado estas semanas…

Los grandes bancos prestan dinero a estos fondos de crédito privado para que puedan a su vez prestar más. Es decir, permiten su apalancamiento:

Imagina que el fondo tiene 100 euros de sus inversores, pide prestados otros 50 al banco, y con 150 euros hace inversiones. Si todo va bien, los retornos son mayores. El problema es que si las inversiones pierden valor, las pérdidas también se amplifican.

La mayoría de los bancos que hacen este tipo de préstamos a los fondos exigen garantías adicionales solo cuando hay señales claras de problemas: pagos de intereses no realizados, quiebras formales.

Pero JP Morgan, se reservó contractualmente el derecho de revaluar los activos en cualquier momento, sin necesidad de esperar.

Y eso es exactamente lo que ha hecho recientemente, comunicando a los fondos de crédito privado que ha reducido el valor estimado de los préstamos a empresas de software que sirven de garantía para sus préstamos.

Resultado: los fondos tienen menos margen de financiación disponible.

Jamie Dimon, CEO de JP Morgan, lleva meses advirtiendo de esto. En los resultados del tercer trimestre dijo: “Cuando ves una cucaracha, probablemente hay más.”

¿Riesgo sistémico?

Mención especial a Daniel Baeza e Icaria Capital, que han compartido información interesante estos últimos días en X.

Todo el mundo habla de estos fondos como si estuvieran aislados… Como si el problema fuera solo de quien invirtió en ellos.

Eso es un error. El sistema financiero no tiene paredes.

Después de la crisis de 2008, la regulación obligó a los bancos a ser más prudentes: más capital de reserva, menos riesgo en el balance.

Los bancos, racionalmente, encontraron una solución: en lugar de prestar directamente a las empresas, empezaron a prestar a los fondos que prestan a las empresas.

A lo que los economistas llaman Instituciones Financieras No Bancarias, las IFNB, que son básicamente todos los gestores de capital que no son bancos: fondos de inversión, aseguradoras, fondos de pensiones, hedge funds, gestoras de capital privado.

El crédito siguió llegando a las mismas empresas. Pero ahora llega a través de un intermediario.

Un intermediario que (IMPORTANTE) no tiene acceso a los mecanismos de rescate del banco central si las cosas van mal.

Los préstamos de los bancos americanos a estas instituciones se han multiplicado por cinco en diez años. Superan ya el billón de dólares, más del 10% de todo el crédito bancario en EEUU.

@dbaeza13

Según S&P Global y la propia Reserva Federal, la estabilidad del sistema bancario depende ahora directamente de lo que ocurre en los balances de estas instituciones.

Y aquí entra el mecanismo más peligroso de todo:

Los fondos de capital privado no solo invierten el dinero de sus inversores. También piden prestado a los bancos para amplificar sus retornos, como explicaba antes.

Cuando los activos pierden valor, ese apalancamiento amplifica las pérdidas. Y el banco puede exigir de vuelta parte del préstamo de inmediato.

Famosas llamadas de margen (margin call en inglés) y obliga al fondo a vender activos urgentemente, en el peor momento posible, a precios bajos.

Esa espiral de ventas forzosas que bajan precios, que generan más llamadas de margen, que generan más ventas forzosas es el mecanismo que ha convertido cada crisis financiera seria de los últimos 30 años en un problema sistémico.

El contagio al resto del sistema se propaga por cinco vías concretas.

  • Primera: los mercados de deuda cotizada. Las empresas que se financian con crédito privado también emiten bonos públicos. Si el canal privado se cierra, van a los mercados abiertos y los diferenciales (el extra de rentabilidad que exigen los inversores por asumir riesgo) se amplían. Quien tiene fondos de renta fija lo nota.

  • Segunda: las gestoras en bolsa. Ares, Apollo, KKR, Blackstone, Blue Owl cotizan en bolsa. Cuando sus carteras se deterioran, sus acciones caen. Ya ocurrió: un solo día de noticias sobre bloqueos de reembolsos y todo el sector financiero caía entre un 5% y un 6%.

  • Tercera: los inversores institucionales. Fondos de pensiones y aseguradoras que quedan con demasiado peso en activos ilíquidos necesitan vender lo que sí pueden vender rápido: acciones cotizadas, bonos del Tesoro, ETFs. El mismo mecanismo que vimos en 2022, pero en sentido contrario.

  • Cuarta: los bancos. Con un billón de dólares prestado a estas gestoras, si los préstamos van mal, los bancos cierran el grifo. Y cuando los bancos cierran el grifo, no lo cierran solo para el capital privado. Lo cierran para todos.

  • Quinta: la economía real. Solo en EEUU, las empresas medianas (las principales receptoras del crédito privado) representan un tercio del PIB y emplean a casi 50 millones de personas. Si ese flujo de crédito se interrumpe, el impacto lo nota el empleo, la inversión y el crecimiento.

Las IFNB son ya demasiado grandes para ignorar y demasiado interconectadas para dejarlas caer. La misma frase que se usó sobre los grandes bancos en 2008.

Solo que esta vez, sin los mecanismos de rescate formales establecidos. Y esa incertidumbre sobre cómo responderían la Fed o el BCE si la situación se deteriora es, en sí misma, un factor de inestabilidad adicional.

La confianza

La clave del sistema financiero no es la matemática. No son los modelos de riesgo. Es la confianza.

Se vendieron estos productos a inversores que no entendían completamente sus restricciones. Inversores que los compraron como alternativa a la renta variable o como complemento de una cartera diversificada. Que ahora llegan a pedir su dinero y les dicen que no.

Ese inversor no entiende eso como una característica técnica del producto. Lo entiende como una traición.

Y cuando muchos inversores sienten eso al mismo tiempo, el efecto contagio es brutal. No porque el sistema sea insolvente, sino porque el miedo alimenta más reembolsos, que generan más ventas forzosas de activos, que deterioran las valoraciones, que generan más miedo.

¿Significa esto que estamos ante una crisis sistémica inminente? No necesariamente. Pero sí estamos ante el fin de un ciclo que sostuvo estos activos durante años. Y las consecuencias de ese fin se están haciendo visibles ahora, en tiempo real.

¿Quien sobrevivirá y quien caerá?

  • Sobrevivirán los que devuelvan capital a sus inversores como prometieron. Los que tengan plataformas diversificadas, con crédito, equity, activos reales e infraestructuras. Los que demostraron que sus retornos eran reales y no solo papel.

  • Los que caerán son los que están excesivamente apalancados y construyeron imperios sobre comisiones de gestión, extendiendo los plazos de sus fondos una y otra vez para seguir cobrando sin necesidad de vender. McKinsey estima que el 40% del capital comprometido en el sector (el dinero que los inversores han prometido aportar pero que los fondos aún no han invertido) lleva más de dos años parado. Una señal de que los gestores no encuentran activos a precios que justifiquen la inversión.

Seguiremos de cerca… Aunque recuerde… Que el paracaídas siempre es el mismo, de una forma u otra: LIQUIDEZ

Gracias por leer

Diego

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